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EL OBSERVADOR, 13 de marzo 2005.
 
 

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La moda de gestar una vida plena y rentable

Mujeres de bajos recursos de Juan Lacaze se capacitan en diseño, marketing y reciclaje para generar su propio trabajo; el programa lo gestiona la ONG El Abrojo

FOTOS: G. GARCÍA

POR VALERIA GARCÍA

La chica esperó un cuarto de hora junto al stand todavía cerrado para comprar una pollera blanca de noche. Tal vez en un negocio cualquiera esto no hubiera significado nada en especial, pero sí fue importante para Andrea, quien trabaja como vendedora en una tienda de Juan Lacaze. Ella había creado la prenda en el marco del programa de capacitación y seguimiento laboral en Diseño Aplicado a la Confección de Moda desarrollado por la ONG El Abrojo en esa ciudad.

Forma y medida. El programa incluye a 22 mujeres, y parece que les está cambiando la visión de su futuro y hasta de sí mismas. En el aire vibran sus ganas de superarse y la sensación de que lo que una vez fue una difusa idea puede tomar una forma concreta.

A Andrea Ayala (casada, 30 años) no le gustaría seguir viendo pasar sus días desde detrás del mostrador de la casa de telas. El curso le permitió imaginarse que podría darle las medidas exactas a una de sus pasiones: diseñar y confeccionar ropa de fiesta. Hasta el momento cosía en su casa solo por entretenerse. Hoy burbujea en su cabeza la imagen de atender una boutique propia.

Esto representaría también la posibilidad de que sus ingresos aumentaran, lo que le permitiría agrandar su familia. "Mi esposo es casero, y aun juntando los sueldos de los dos no nos alcanza para mantener un niño hoy", contó.

En primera instancia, Andrea enfrenta la dificultad de obtener un préstamo para iniciar el negocio por no tener respaldo financiero, pero ingresó al programa porque tiene la esperanza de que las cosas salgan bien para ella y todas sus compañeras.

Y así como a Andrea le gusta el brillo de un vestido de noche a Mabel Gougeon (casada, 47 años) la derrite la delicadeza de la ropa de bebé. "Coso desde los 13 años y les vendía a varias tiendas. Mi primer cliente fue La Obrerita, propiedad de los padres del senador Alberto Couriel. Pero en los últimos tiempos ha sido imposible competir con la importación", sostuvo.

Participar del programa de El Abrojo hizo que volviera a vislumbrar la oportunidad de vivir de lo que le gusta. Junto a un grupo de compañeras elaboraron un proyecto de empresa para intentar conseguir fondos para la materia prima y un local de trabajo. Su marido, quien está desempleado y realiza changas, también la impulsa en su esfuerzo e interés.

Susana Bentancur (casada, 49 años) aseguró que estudiar diseño le "abrió la cabeza" y le hizo experimentar su poder creativo. "A veces a uno le parece que no puede, que no está en uno", explicó.

Desempleada y mamá de seis niños, decidió postular al programa para "tener nuevas perspectivas en la vida". Se sintió muy bien cuando en el stand de la Fiesta del Sábalo de Juan Lacaze la gente elogiaba las prendas que había fabricado.

Susana forma parte de un grupo de seis mujeres que aspira a tener su pequeña empresa de vestimenta, colchas, carteras y objetos de decoración. "No me gusta quedarme quieta, quiero mejorar y mi familia me apoya", sentenció.

Autoestima en alza. Además del progreso económico y la satisfacción de trabajar en la vocación, el programa les está dando una buena inyección de energía a sus participantes en un plano más íntimo. Según Nelis Vidart (55 años, viuda) adquirir nuevos conocimientos hace que la autoestima y la confianza se eleven. Lo mismo sucede al intercambiar ideas con los pares.

A ella le atrae el área comercial, y disfrutó un montón de los cursos de marketing y administración. Tiene experiencia como encargada de un negocio y ha motivado a más de una compañera cuando ha dudado en seguir adelante. "Eso también me da fuerzas a mí. Estamos un poco temerosas porque hay mucha competencia pero la voluntad es fuerte", afirmó.

Marianela Giacobucci, integrante de la Agencia para el Desarrollo Económico de Juan Lacaze —organismo que colabora con el programa— agregó que ellas son otras: "Se las ve entusiasmadas y con más seguridad ante la vida".

Contar con las herramientas para generar trabajo es como tener una paleta de colores frente al gris de la escasez de empleos, los sueldos bajos, o la carencia de una formación adecuada. Ahora los desafíos son otros, como el de obtener capitales iniciales y colocar su producción. O simplemente buscar un empleo satisfactorio.

Pero el motivo para celebrar ya existe: están varios escalones más arriba y, sobre todo, fueron capaces de empujar los límites.

Reciclar, producir, vender

G. GARCÍA

Vivian Gilles y José Querejeta, ideólogos del programa de capacitación y seguimiento laboral

 

El proyecto de capacitación, seguimiento e inserción laboral Diseño Aplicado a la Confección de Moda fue una idea de la diseñadora Vivian Gilles, integrante de El Abrojo. Esta ONG desarrolla la propuesta en Juan Lacaze en el marco del programa Proimujer de la Junta Nacional de Empleo con la colaboración de la Agencia para el Desarrollo Económico de Juan Lacaze. Un destacado equipo de docentes dicta las materias de gestión de empresas, marketing, salud laboral, diseño básico, reciclaje y medio ambiente, moda y vidrieras, corte y confección y género. El proyecto se hizo realidad en setiembre de 2004 con el inicio de los cursos que culminarán en julio. El objetivo final es que las 22 mujeres participantes cuenten con los medios intelectuales para trabajar de forma independiente o conseguir un empleo. Para facilitar las gestiones comerciales de aquellas que decidan ser empresarias se está formando Compromiso Social, una "cooperativa de economía solidaria", según palabras de José Querejeta, uno de sus integrantes.

El otro tema en esta historia es el reciclaje. El grupo utilizó para sus creaciones prendas y accesorios usados que les fueron donados por la comunidad y textiles de la zona. El Abrojo maneja la idea de desarrollar el mismo proyecto en Montevideo.

De París a la fiesta del sábalo

Está bien claro. Quien quiera vivir del diseño de moda no puede conformarse con saber manejar el lápiz, y menos en este mundo-espejo que vive de mirar al otro. Por eso María Inés Strasser y Soledad Hernández— docentes de esta materia del programa propuesto por El Abrojo— incluyeron en sus clases las últimas tendencias en vestimenta. Les mostraron a sus alumnas videos de las mejores colecciones de París, Londres, Nueva York y Barcelona. Y para que el acercamiento fuera máximo, también les llevaron prendas de estas ciudades. Otro de los tópicos fue el análisis del vínculo entre moda y arte, así que las obras de los principales museos desfilaron ante los ojos de la ávida clase. "Las vi deslumbradas, con una gran capacidad de absorber conocimientos. Es un grupo con un enorme potencial creativo", dijo Strasser, quien además les enseñó a buscar información del tema en Internet, proporcionándoles direcciones y buscadores estratégicos.

La diseñadora puso énfasis en relacionar las creaciones de las participantes con lo característico de Juan Lacaze. Por ejemplo, se hicieron diseños temáticos para la Fiesta del Sábalo, popular celebración local.

 

 

 
   
 

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