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La moda de
gestar una vida plena y rentable
Mujeres
de bajos recursos de Juan Lacaze se capacitan en diseño,
marketing y reciclaje para generar su propio trabajo; el
programa lo gestiona la ONG El Abrojo
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FOTOS: G. GARCÍA
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POR
VALERIA GARCÍA
La chica
esperó un cuarto de hora junto al stand todavía cerrado
para comprar una pollera blanca de noche. Tal vez en un
negocio cualquiera esto no hubiera significado nada en
especial, pero sí fue importante para Andrea, quien
trabaja como vendedora en una tienda de Juan Lacaze.
Ella había creado la prenda en el marco del programa de
capacitación y seguimiento laboral en Diseño Aplicado a
la Confección de Moda desarrollado por la ONG El Abrojo
en esa ciudad.
Forma y medida.
El programa incluye a 22 mujeres, y parece que les está
cambiando la visión de su futuro y hasta de sí mismas.
En el aire vibran sus ganas de superarse y la sensación
de que lo que una vez fue una difusa idea puede tomar
una forma concreta.
A Andrea
Ayala (casada, 30 años) no le gustaría seguir viendo
pasar sus días desde detrás del mostrador de la casa de
telas. El curso le permitió imaginarse que podría darle
las medidas exactas a una de sus pasiones: diseñar y
confeccionar ropa de fiesta. Hasta el momento cosía en
su casa solo por entretenerse. Hoy burbujea en su cabeza
la imagen de atender una boutique propia.
Esto
representaría también la posibilidad de que sus ingresos
aumentaran, lo que le permitiría agrandar su familia.
"Mi esposo es casero, y aun juntando los sueldos de los
dos no nos alcanza para mantener un niño hoy", contó.
En primera
instancia, Andrea enfrenta la dificultad de obtener un
préstamo para iniciar el negocio por no tener respaldo
financiero, pero ingresó al programa porque tiene la
esperanza de que las cosas salgan bien para ella y todas
sus compañeras.
Y así como
a Andrea le gusta el brillo de un vestido de noche a
Mabel Gougeon (casada, 47 años) la derrite la delicadeza
de la ropa de bebé. "Coso desde los 13 años y les vendía
a varias tiendas. Mi primer cliente fue La Obrerita,
propiedad de los padres del senador Alberto Couriel.
Pero en los últimos tiempos ha sido imposible competir
con la importación", sostuvo.
Participar
del programa de El Abrojo hizo que volviera a vislumbrar
la oportunidad de vivir de lo que le gusta. Junto a un
grupo de compañeras elaboraron un proyecto de empresa
para intentar conseguir fondos para la materia prima y
un local de trabajo. Su marido, quien está desempleado y
realiza changas, también la impulsa en su esfuerzo e
interés.
Susana
Bentancur (casada, 49 años) aseguró que estudiar diseño
le "abrió la cabeza" y le hizo experimentar su poder
creativo. "A veces a uno le parece que no puede, que no
está en uno", explicó.
Desempleada
y mamá de seis niños, decidió postular al programa para
"tener nuevas perspectivas en la vida". Se sintió muy
bien cuando en el stand de la Fiesta del Sábalo de Juan
Lacaze la gente elogiaba las prendas que había
fabricado.
Susana
forma parte de un grupo de seis mujeres que aspira a
tener su pequeña empresa de vestimenta, colchas,
carteras y objetos de decoración. "No me gusta quedarme
quieta, quiero mejorar y mi familia me apoya",
sentenció.
Autoestima
en alza. Además del progreso económico y la satisfacción
de trabajar en la vocación, el programa les está dando
una buena inyección de energía a sus participantes en un
plano más íntimo. Según Nelis Vidart (55 años, viuda)
adquirir nuevos conocimientos hace que la autoestima y
la confianza se eleven. Lo mismo sucede al intercambiar
ideas con los pares.
A ella le
atrae el área comercial, y disfrutó un montón de los
cursos de marketing y administración. Tiene experiencia
como encargada de un negocio y ha motivado a más de una
compañera cuando ha dudado en seguir adelante. "Eso
también me da fuerzas a mí. Estamos un poco temerosas
porque hay mucha competencia pero la voluntad es
fuerte", afirmó.
Marianela
Giacobucci, integrante de la Agencia para el Desarrollo
Económico de Juan Lacaze —organismo que colabora con el
programa— agregó que ellas son otras: "Se las ve
entusiasmadas y con más seguridad ante la vida".
Contar con
las herramientas para generar trabajo es como tener una
paleta de colores frente al gris de la escasez de
empleos, los sueldos bajos, o la carencia de una
formación adecuada. Ahora los desafíos son otros, como
el de obtener capitales iniciales y colocar su
producción. O simplemente buscar un empleo
satisfactorio.
Pero el
motivo para celebrar ya existe: están varios escalones
más arriba y, sobre todo, fueron capaces de empujar los
límites.
Reciclar,
producir, vender
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G. GARCÍA |
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Vivian Gilles y José
Querejeta, ideólogos del programa de
capacitación y seguimiento laboral |
El proyecto
de capacitación, seguimiento e inserción laboral Diseño
Aplicado a la Confección de Moda fue una idea de la
diseñadora Vivian Gilles, integrante de El Abrojo. Esta
ONG desarrolla la propuesta en Juan Lacaze en el marco
del programa Proimujer de la Junta Nacional de Empleo
con la colaboración de la Agencia para el Desarrollo
Económico de Juan Lacaze. Un destacado equipo de
docentes dicta las materias de gestión de empresas,
marketing, salud laboral, diseño básico, reciclaje y
medio ambiente, moda y vidrieras, corte y confección y
género. El proyecto se hizo realidad en setiembre de
2004 con el inicio de los cursos que culminarán en
julio. El objetivo final es que las 22 mujeres
participantes cuenten con los medios intelectuales para
trabajar de forma independiente o conseguir un empleo.
Para facilitar las gestiones comerciales de aquellas que
decidan ser empresarias se está formando Compromiso
Social, una "cooperativa de economía solidaria", según
palabras de José Querejeta, uno de sus integrantes.
El otro
tema en esta historia es el reciclaje. El grupo utilizó
para sus creaciones prendas y accesorios usados que les
fueron donados por la comunidad y textiles de la zona.
El Abrojo maneja la idea de desarrollar el mismo
proyecto en Montevideo.
De París
a la fiesta del sábalo
Está bien
claro. Quien quiera vivir del diseño de moda no puede
conformarse con saber manejar el lápiz, y menos en este
mundo-espejo que vive de mirar al otro. Por eso María
Inés Strasser y Soledad Hernández— docentes de esta
materia del programa propuesto por El Abrojo— incluyeron
en sus clases las últimas tendencias en vestimenta. Les
mostraron a sus alumnas videos de las mejores
colecciones de París, Londres, Nueva York y Barcelona. Y
para que el acercamiento fuera máximo, también les
llevaron prendas de estas ciudades. Otro de los tópicos
fue el análisis del vínculo entre moda y arte, así que
las obras de los principales museos desfilaron ante los
ojos de la ávida clase. "Las vi deslumbradas, con una
gran capacidad de absorber conocimientos. Es un grupo
con un enorme potencial creativo", dijo Strasser, quien
además les enseñó a buscar información del tema en
Internet, proporcionándoles direcciones y buscadores
estratégicos.
La
diseñadora puso énfasis en relacionar las creaciones de
las participantes con lo característico de Juan Lacaze.
Por ejemplo, se hicieron diseños temáticos para la
Fiesta del Sábalo, popular celebración local.
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