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Mesa redonda: Adultos de mediana edad: desempleo y desafiliación social. Miércoles 31, de julio, 2002. Cabildo de Montevideo
 
Presentación de la psicóloga Nora Vigni, responsable del Programa de Intermediación Laboral del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
 
Presentación del economista Walter Cancela, Profesor Agregado de Economía Monetaria de la Universidad de la República, Profesor Titular de Economía de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Coordinador de la Separata Detrás de los Números, del Semanario Brecha.
 
Presentación de la doctora Ana María Araujo. Profesora Investigadora de la Facultad de Psicología y la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, Presidenta de la Asociación Internacional de Sociología Clínica.
 
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Ciclo ¿LOS INEMPLEABLES?
 

Una Reflexión sobre Políticas Públicas y Metodologías de Intervención

 
 

Presentación de la Psicóloga Nora Vigni, responsable del Programa de Intermediación Laboral del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Buenas noches para todos. Realmente es un orgullo participar de esta actividad, nos parece que la temática del desempleo es un tema que nos convoca a todos, y que tenemos que abordarlo desde todas las organizaciones, desde todas las instituciones que puedan trabajar.
Yo quería, brevemente, hacer una reseña. Es muy difícil programar algo para hablar en quince o veinte minutos de un tema que es tan extenso. Entonces quería en principio explicarles a ustedes en qué consiste la institución donde yo me desempeño.
Formo parte de la Dirección Nacional de Empleo del MTSS. Esta Dirección se crea en 1992 como Unidad Ejecutora del MTSS, y también la Junta Nacional de Empleo, que es un órgano tripartito, integrado por el Director de la Dirección Nacional de Empleo en calidad de Presidente, un integrante de la delegación empresarial y otro integrante de la delegación de trabajadores. Se constituye también el Fondo de Reconversión Laboral. A partir de los cometidos asignados a la Dirección de Empleo, que son investigación, fomento, coordinación, diseño, gestión y evaluación de políticas activas de empleo y de formación profesional, ambas apoyadas en la investigación en el mercado de trabajo, nosotros contamos con un Observatorio de Trabajo, que es del Área de Investigación.
La ley de creación estableció que los beneficiarios serían los trabajadores amparados en el Seguro de Desempleo, para luego ampliarse a otras poblaciones que también tenían limitaciones, como es el caso de los jóvenes, las PYMEs, trabajadores en actividad, trabajadores rurales, etcétera. A partir de este servicio se ha generado un conjunto importante de información y de nuevos conocimientos acerca del mercado de trabajo.
Es sumamente dinámica la tarea. En el año 97 se crea el Programa de Colocación, que es el que está donde yo me desempeño, y que tiene como objetivo la intermediación laboral. En el mismo año también se instrumentaron talleres, porque se vio la necesidad de apoyar de alguna otra forma a los que estaban desempleados. Se instrumentaron dos tipos de talleres, que nosotros llamamos Apoyo Marketing Personal, que tiende a dar herramientas para facilitar la posibilidad del empleo, cómo hacer una carta, cómo hacer un currículum, cómo puede ser una entrevista de colocación... O sea tratar de que la gente tenga otros insumos, otras herramientas, al momento de enfrentarse a esa realidad. Y por otro lado apareció también el Taller de Trabajo Independiente. Nosotros le llamamos así porque pensamos que los nombres tienen que ser sencillos, tienen que estar acordes a la población que nosotros manejamos. Este Taller de Trabajo Independiente surgió en función de las demandas que escuchábamos en los corredores. Demandas de la gente, sobre todo los mayores de 30 años, que es la población que hoy nos convoca, que tenía imposibilidad de conseguir trabajo y se quería instalar por cuenta propia. Sabemos muy bien que no por necesidad uno puede ser empresario. Lo que nosotros abordamos en esos talleres es sobre todo el perfil del empresario, lo que son las habilidades técnicas, y en ese sentido también le damos información de los lugares donde pueden ir a orientarse para armar el proyecto, financieras, etcétera. O sea que no se frustre una iniciativa antes de nacer, y que la persona pueda realmente meditar sobre las condiciones que puede tener para esa actividad.
En el correr de todos estos años los programas se han ido modificando por la necesidad de mantenerlos actualizados. Actualmente se agrupan en dos tipos, centralizados y descentralizados. Dentro de los programas centralizados están: el Programa de Intermediación Laboral "El Procal", que es un programa de capacitación, fue el primero que se instauró, para los trabajadores en seguro de desempleo; Programas Especiales de Empleo, que abarcan por ejemplo programas de capacitación para trabajadores en actividad; Programa de Capacitación Productiva y Programa Especial de Capacitación... Ahí están nucleados varios programas, a modo de ejemplo hay uno que es con una partida especial de Ministerio, no proviene del Fondo de Reconversión Laboral. Si una persona tiene interés en llevar adelante un emprendimiento, ese programa analiza todas las propuestas, selecciona en función de las posibilidades de mano de obra que puede tener, y de las mejoras que puede aportar a la sociedad, y les proporciona los insumos para ponerlo en marcha. Y la gente devuelve el dinero invertido en esas herramientas de acuerdo a sus posibilidades; no se fijan montos, ellos son los que deciden como pagarlos. Eso es un fondo rotatorio, a medida que la gente va pagando se va generando y va aumentando el fondo para nuevos préstamos. Ha tenido mucho éxito, fundamentalmente en el Interior.
A modo de ejemplo, si una persona quiere poner un lavadero se le compra el lavarropas, se le compra el secarropas, y se le compra la plancha si la necesita. Es una forma de poder ayudar a aquellos que están más necesitados, y que son los que menos posibilidades tienen a veces de poder acceder a un crédito.
Después, dentro de los programas descentralizados tenemos Projoven, del que van a hablar en el próximo Encuentro; Trabajadores Rurales, que se hacen convenios con MEVIR; Procadi, que es un programa de capacitación para personas con discapacidad, en el cual se está trabajando muchísimo, tiene mucho éxito; Integra, que es un programa específico para la integración laboral de la población ciega; Proimujer, que es la promoción de igualdad para las mujeres, salió hace muy poco, hace unos pocos días se inauguraron los cursos en Río Negro, porque se trabaja en tres Departamentos del interior y en Montevideo, con una población de quinientas mujeres, doscientas cincuenta del interior y doscientas cincuenta de Montevideo; y por último, tenemos un programa que es nuevo, pero que está teniendo mucho éxito, especialmente en algunas poblaciones, como es el Programa de Formación en Hidroponía. Se está trabajando con una población de discapacitados, está teniendo un éxito enorme.
Bueno, después de haber enumerado esto, que tiene que ver con las actividades que se llevan a cabo en la Dirección Nacional de Empleo, nos pusimos a pensar en el término que nos convocaba, que era la inempleabilidad. Si podíamos afirmar que realmente existieran sectores de la población que fueran inempleables. Entonces, para analizar la respuesta, y desde nuestra experiencia en estos años, decidimos ver qué podíamos extraer nosotros desde nuestra realidad laboral, y qué conclusiones sacábamos, como Psicóloga, de toda esta experiencia.
Pero tenemos que abordarlo por medio de datos estadísticos, entonces aprovechamos un informe de coyuntura realizado en el Observatorio de Mercado, y les trajimos algunos datos que son bastante sugestivos. Lo que les voy a mostrar es una transparencia muy elocuente, que habla del desempleo. Les voy a leer los datos que extraje de este informe.
Si comparamos el trimestre marzo - mayo del 2002 con igual trimestre del año anterior, se habrían perdido aproximadamente 20 mil puestos de trabajo en el total del país urbano. Habría tenido lugar una sensible contracción de la ocupación en la industria manufacturera, aproximadamente 9 mil puestos menos de trabajo, que se sumarían a los 15 mil que se estima se perdieron entre el año 99 y el 2001.
En el sector Comercio, Restaurantes y Hoteles se estima que se perdieron 6 mil puestos de trabajo, comparando marzo - mayo del 2002 con igual trimestre del año anterior.
En los sectores Transporte y Comunicaciones y sector Primario la demanda de trabajo se habría contraído en 10 mil y 11 mil puestos respectivamente.
La ocupación habría aumentado al interior del agregado Servicios Sociales y Servicios Personales; en los sectores Servicios Sociales y Salud 7 mil personas, aproximadamente en la misma comparación, y en la Enseñanza también 7 mil.
Se mantuvo el empleo virtualmente estable en los sectores Banca, Finanzas y Servicios de la Seguridad.
En la Construcción, a pesar del nivel de contracción de la actividad del sector, los datos son de estabilidad. ¿Qué pasa? Esto se podría explicar porque en la estimación del PBI tienen un peso muy significativo las grandes obras, mientras que la Encuesta de Hogares no distingue el empleo formal en grandes obras de los trabajos puntuales en pequeñas obras o refacciones. No sé si ustedes saben que el Instituto Nacional de Estadística considera que una persona está empleada si trabajó una hora una vez a la semana. De ahí es que se extraen estos datos.
Tendríamos que profundizar mucho para poder analizar las consecuencias, pero sí nos interesan las consecuencias psicológicas que esto trae para la población.
Una de las situaciones más graves que acompañan a la desocupación en nuestro país es la tendencia a responsabilizar y culpabilizar a los que padecen este proceso, y por otro lado establecer, para los pocos puestos de trabajo que existen, situaciones de terrible exigencia y competencia. Se culpabiliza a los trabajadores de no tener experiencia en tecnología de punta, de no tener capacitación adecuada a las necesidades de la empresa. Se culpabiliza a los profesionales de elegir carreras tradicionales y no aquellas con una supuesta salida laboral, por ejemplo todo lo que tiene que ver con empresa, ahora.
Se culpabiliza a los jóvenes de no tener suficiente experiencia, y a los adultos de tener demasiada. Escuchamos de boca de los participantes de nuestros talleres decir "vine porque hace mucho tiempo que estoy enviando cartas y currículum y no me contestan, algo mal debo haber hecho". Los efectos de esta responsabilización y culpabilización son devastadores, porque agregan a la falta de empleo un sentimiento de desvalorización e inadecuación que impide poner en marcha los mecanismos para recuperar la propia iniciativa. Esa situación no es exclusiva de nuestro país, nosotros estuvimos leyendo algunos artículos, y por ejemplo en Crónica, en París se dice que las causales del desempleo son puestas en los individuos y no en las estructuras de la sociedad actual como origen de los problemas. La exclusión de la sociedad laboral no solamente desprovee al individuo de las posibilidades de asegurar su propia existencia, sino que al mismo tiempo destruye una parte de su identidad social, que es precisamente la premisa para el desarrollo normal y estable de la personalidad.
Al ser el trabajo una relación primordial entre el individuo y la sociedad, es soporte fundamental de su identidad. El desempleo da lugar a un vacío que provoca desequilibrio. Como consecuencia aparecería la sensación de pérdida de sentido de vida, falta de perspectiva, sentimiento de desprotección, desconfianza, frustración y culpa. Se produce el aislamiento social, está abandonado, descontinentado, excluído. Esto es lo que vemos nosotros en todos los trabajadores desempleados que van allí, les puedo decir que es prácticamente en todos.
Como conclusión podríamos decir que estamos transitando por una época signada por la desocupación, y esto no deja de ser dicho en cuanto lugar nosotros nos encontramos. El desempleo estructural ha crecido en estos años, y es necesario pensar en soluciones concretas para atender esa situación. No podemos dar cuenta nosotros acá de las causas político - económicas que determinan la recesión y el desempleo. Sí podemos señalar que si hay desempleo la solución al problema es el intento de su eliminación desde la raíz. Pero debemos tener en cuenta que se caracteriza al hecho de la desocupación, no ya como consecuencia de una forma de la economía, sino como un fenómeno natural y estructural, contra el que nada puede hacerse. Este modo de pensar la desocupación es el que la transforma en un problema irremediable. El "no hay trabajo" transforma el mundo real y simbólico del individuo. Que se transforme el desempleo en un hecho natural en la vida de las personas de nuestra época tiene efectos imaginarios y reales sobre ellas. Una parte importante de la parálisis, la desazón, la inhibición, es producto de que se afirma "no hay trabajo". La única seguridad que nos da el contexto es esa inseguridad. Puede aparecer entonces como consecuencia no salir a buscar trabajo porque no lo va a haber, o no hacer nada porque no hay nada que hacer. Y esto muchas veces puede explicar ese desempleo estructural que vemos hoy en día. Porque estamos convencidos que el desempleo es una realidad tan cruel como la guerra, debemos hacerle frente. Que las personas se inhiban, se atemoricen, se inmovilicen por temor a perder el empleo o a no conseguirlo, indica que no hay una acción que intente hacer algo en contra de ello. Que la realidad sea difícil no justifica que no se haga nada con ella. Estamos en un momento en que son necesarias la inventiva y la creatividad. Si los que no encajan con el modelo requerido por la gran empresa pueden recuperar su autoestima, van a poder lanzarse a la construcción de nuevas alternativas de producción y servicios, recuperando potencialidades y facilidades, desarrollando proyectos creativos a través de emprendimientos colectivos, empresas familiares o trabajos en equipo. Pero eso implica dejar de hacerse cargo de los sentimientos de miedo, de angustia y depresión, y recuperar la capacidad de reacción. Es por eso que consideramos que cualquier política que se instrumente no puede dejar de lado estos aspectos. Cada uno de nosotros, desde el lugar que ocupemos, podemos aportar algo, y no importa la cantidad de cosas que hagamos, sino la calidad y el sentido de realidad que tengan esas acciones.

 

 
 

Presentación del economista Walter Cancela, Profesor Agregado de Economía Monetaria de la Universidad de la República, Profesor Titular de Economía de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Coordinador de la Separata Detrás de los Números, del Semanario Brecha.

Bueno, en primer lugar quiero agradecer la invitación para participar en esta actividad, que me da la oportunidad de contribuir, en la medida de mis posibilidades, con la tarea que admiro de estas instituciones.
En segundo lugar quiero advertir que lo que voy a hacer aquí es un enfoque del problema del empleo y del desempleo -especialmente el desempleo- desde un punto de vista macroeconómico. Cuando me invitaron yo les aclaré que el tema del empleo no era mi especialidad, pero insistieron en que les interesaba tener un enfoque macroeconómico sobre el empleo y sobre el desempleo, más allá de lo que pueden ser enfoques económicos sobre el tema, específicos de economía del trabajo, por ejemplo, donde hay tantos buenos especialistas en nuestro país.
En tercer lugar me propongo en estos minutos tratar de responder a una pregunta que nos hacemos los economistas y que también se hace la gente, en general, sobre qué pueden aportar las políticas macroeconómicas a la solución del tema del desempleo. Entonces, para empezar a transitar por esto voy a referirme brevemente a algunos de los enfoques teóricos que de alguna manera dominan la perspectiva macroeconómica sobre el tema del empleo, perspectiva para la cual se suele confundir, se suele utilizar como sinónimo empleo con mercado de trabajo.
Los economistas tendemos a ver todo bajo la óptica de los mercados, tratamos de ver todos los fenómenos de la economía o tendemos a analizar la economía como fenómenos que tienen que ver con oferta, con demanda, con precios. Y desde ese punto de vista es que se han construído históricamente teorías, enfoques teóricos sobre lo que se llama el mercado de trabajo, es decir aquella parte de las relaciones humanas que determina que alguien demande fuerza de trabajo de otras personas, alguien ofrezca su fuerza de trabajo a otras personas, y que esa demanda y esa oferta de alguna manera se resuelvan por la vía de un precio, que es el salario.
Una forma de ver este mercado... Y cuando digo mercado -imagínenlo entre comillas- lo hago a los efectos de manejarlo más fácil para la exposición... Una forma de ver este mercado es verlo igual que cualquier otro mercado. Es decir, la teoría clásica desarrolló todo un paradigma mediante el cual va a determinar, llega a formular leyes, ley de la demanda y ley de la oferta, que establecen los puntos de equilibrio donde todo lo que se demanda tiene oferta que es accesible, donde todo lo que se ofrece encuentra demanda, y en qué niveles de precio y en qué niveles de cantidad.
Este enfoque, este primer enfoque, ve al mercado de trabajo como a cualquier otro mercado, por lo tanto este enfoque relaciona la demanda de trabajo, es decir las empresas que solicitan trabajadores, con el precio que tiene ese bien en el mercado. Ese precio lo comparan con lo que pueden obtener de utilidad de ese bien -estamos hablando de la fuerza de trabajo-. Y la utilidad que se puede obtener es la productividad. El empresario va a contratar trabajadores en tanto la productividad que le proporciona la fuerza de trabajo es mayor o igual al precio que tiene que pagar por contar con esa fuerza de trabajo.
De otro lado la oferta de trabajo también se interpreta como que cuanto más alto sea el salario, mayor va a ser la oferta que va a haber, porque va a haber mayor disposición a renunciar al ocio, que en este enfoque es lo que el trabajador en definitiva está vendiendo.
El ajuste de este mercado, el punto de equilibrio, el lugar donde no habría desempleo, es decir desempleo entendido como personas que quieren trabajar y no encuentran, sería aquel punto en el cual el salario demandado se igualara al salario ofrecido, y que estaría dado porque fuera de ese punto habría trabajadores buscando trabajo que no encontrarían empleadores, o viceversa, dependiendo de donde estuviera ese punto.
O sea que el ajuste del mercado de trabajo se da por precio o por cantidad. Para que se dé por precio, éste tiene que ser flexible, debe poder subir o bajar de acuerdo a la cantidad ofrecida o demandada que exista en el mercado. Si hay abundancia de trabajadores el precio tenderá a bajar, hasta que los que no estén dispuestos a trabajar por ese precio renuncien a ofrecer su fuerza de trabajo, salgan de la población activa, y por tanto reduzcan la oferta. Y lo mismo si ocurre lo contrario.
O sea que, en definitiva, el mercado, funcionando libre, con precios flexibles, sin restricciones a la demanda y a la oferta, para que el número de trabajadores que se demande sea exactamente igual al de trabajadores que se ofrecen, y el salario que se pague sea exactamente igual a la productividad marginal que agrega el último trabajador que se contrata. Esto es igual a como funciona el mercado de las papas, el de los zapatos, el de cualquier otra cosa.
Sin embargo en el mercado de trabajo encontramos que hay desempleo, encontramos que hay siempre sobreoferta de fuerza de trabajo, y eso ha sido objeto de estudio y de diferentes posiciones. Desde la posición que sostiene que el exceso de oferta de trabajo -el desempleo- es resultado de la falta de perfección del funcionamiento del mercado de trabajo, de su inflexibilidad, de las rigideces que afectan a la fluctuación del salario, y por lo tanto hay una tendencia a la baja, y por lo tanto existen trabajadores que no encuentran empleo.
También se ha analizado la existencia de desempleo como la manifestación de un mecanismo regulador de la tasa de ganancia, regulador de la rentabilidad de las empresas mediante el mecanismo de que la existencia de trabajadores desempleados presiona a la baja al salario, y permite que el costo de la fuerza de trabajo efectivamente empleada sea menor, mejorando de esa manera la relación costo - beneficio del empleador. Esto en el caso de Marx se identificó como "ejército industrial de reserva", que operaba como mecanismo regulador de la tasa de ganancia.
Sin embargo uno ve que existe el desempleo aún con mercados muy flexibles, aún con mercados desregulados, aún con falta de rigideces para determinar el nivel de salarios. Y eso lo entendió Keynes, por ejemplo, cuando llega a formular su teoría del equilibrio con desempleo. Keynes entiende, a diferencia de sus predecesores, que el sistema puede estar en equilibrio aún con desempleo. Y aquí acuña los conceptos de desempleo estructural y desempleo funcional, que tienen diferente tipo de manifestación. Por ejemplo, y para tener una idea, uno puede pensar en dos países, dos economías que tengan la misma tasa de desempleo, supongamos un 15 por ciento. Sin embargo uno puede encontrar en ellos situaciones completamente diferentes. Puede encontrar un país con ese 15 por ciento de desempleo con dinámica y cambio acelerado en la economía. Y puede encontrar otro país que con ese 15 por ciento tiene una situación de estancamiento, de depresión de su actividad económica.
¿Por qué puede pasar esto? Tras ese 15 por ciento puede haber contenidos diferentes. El 15 por ciento puede no tener empleo esa semana que se hizo la encuesta, pero sí tenerlo a la semana siguiente, son personas que están cambiando de un sector a otro, de una empresa a otra. Y el 15 por ciento ese se compone, cada semana, cada medición, de personas diferentes. Mientras que en el otro caso ese 15 por ciento se compone siempre de las mismas personas. Y una cosa que estamos verificando en el país, si uno analiza el desempleo, es un crecimiento continuo de la duración del desempleo, a pesar de que esto es muy difícil de medir. Las medidas que se tienen son a partir de los re-empleados, preguntándoles cuánto tiempo estuvo sin empleo. Hoy estamos en alrededor de cuarenta semanas de permanencia en el ejército industrial de reserva.
Un enfoque diferente a este mercado de las papas, que se tiene sobre el mercado de trabajo, es considerar al trabajo como un bien de capital, como una inversión. Entonces aquí la demanda de fuerza de trabajo -no el precio- es lo que adquiere mayor significación. Se traslada la situación no tanto a ver el nivel de salarios, sino sobre todo el ambiente macroeconómico que determina la decisión de contratar un trabajador. Contratar un trabajador tiene un costo, descontratarlo también lo tiene. No es solamente el costo del salario y el de la indemnización por despido, es el de publicar avisos y entrenar al trabajador en las rutinas de la empresa, y al descontratarlo la empresa pierde capital acumulado, pierde capital social, y por lo tanto genera condiciones de externalidad que deben tomarse en cuenta a la hora de tomar las decisiones.
Entonces, la demanda es determinada por la estabilidad macroeconómica, es decir si existen condiciones que hagan posible el cálculo macroeconómico hacia el futuro, que haya expectativas que hagan posible formar un futuro previsible con retorno de la inversión, si existe seguridad jurídica y previsibilidad de las políticas, es decir que esas reglas de juego no van a ser cambiadas en forma imprevista. En definitiva, la previsibilidad y la estabilidad macroeconómica son dos factores que operan para la determinación de la demanda de trabajo mucho más que el nivel de salarios o el nivel de flexibilidad del mercado.
Dejo por aquí esta parte más teórica y paso a ver como podemos explicar esta situación de desempleo en el país. Yo, sin querer poner toda la causa de esto en lo que pasó en la década del 90, me voy a referir a ello porque explica determinadas características de esta situación, no la causa última.
¿Cuáles son las características que tuvo el patrón de crecimiento de la economía uruguaya en la década del 90? En primer lugar fue un crecimiento por el consumo, el factor dinámico fue el crecimiento del consumo. Ese patrón de crecimiento estuvo apoyado en la disponibilidad de financiamiento, fundamentalmente externo, la entrada de capitales a la economía uruguaya, que determinó que la capacidad de gasto de la población estuviera por encima de su capacidad de producción. Es como si cada uno de nosotros consiguiera prestada una suma que agregamos a nuestro salario y gastamos. Eso es lo hecho en la década del 90. Durante la primera mitad el sector privado gastó más de lo que ingresó, y durante la segunda mitad, especialmente desde el 98, el sector público gastó más de lo que ingresó. Pero en definitiva hubo déficit privado y déficit público, eso sustentó el crecimiento y eso determinó lo que los economistas llamamos un cambio de precios relativo, lo que la prensa llama un atraso cambiario. Determinó que algunos de los precios de las cosas que se pueden exportar y que se pueden importar subieran menos que los precios de las cosas que no se pueden exportar, como los servicios y la fuerza de trabajo.
Creció el precio de la fuerza de trabajo mucho más que el precio de los bienes transables, y el efecto que tuvo sobre la estructura de la producción uruguaya fue el crecimiento mucho más rápido de los sectores productores de bienes no transables, los que no se pueden exportar, lo que se vio en servicios como hotelería, seguridad privada, enseñanza privada, etcétera.
Y no crecieron -tampoco decrecieron- los bienes industriales, los transables. Pero sí decreció fuertemente el desempleo en el sector industrial, lo que se explica por un fuerte aumento de la productividad del trabajo, basado en la incorporación de técnicas ahorradoras de mano de obra. Dado que esas técnicas ahorradoras de mano de obra también son a base de bienes transables, bajaron sus precios relativos con respecto al trabajo. De ese modo la función de producción, es decir la combinación de recursos, se hizo contraria al recurso fuerza de trabajo.
En cambio en los sectores transables se dio la situación contraria, pero logró absorber sólo a la fuerza de trabajo de baja calificación, fundamentalmente fuerza de trabajo más joven, más moldeable a los requerimientos de estos sectores, o fuerza de trabajo muy calificada. El sector medianamente calificado no fue objeto de demanda por parte del sector dinámico en este período de crecimiento. Quien demandaba a ese sector intermedio, que eran los sectores de bienes transables, especialmente la industria, disminuyeron su demanda de empleo por cambios en la función de producción, es decir que manteniendo la producción bajaron el empleo, con lo cual duplicaron la productividad. ¿Para qué? Para compensar la duplicación del precio de la mano de obra, que no fue acompañada por el precio de los bienes que ellos obtenían del exterior. El salario se duplicó en dólares, pero no fue así con el precio en dólares de los bienes transables.
El modelo hace crisis porque se detiene el motor del crecimiento, que es el financiamiento externo, porque se llega al límite de la previsión de insolvencia. Eso fue lo que nos ocurrió en este último año, pero ya venía ocurriendo desde 1999, cuando comenzamos a perder la competitividad en aquellos mercados que todavía servían de fortaleza, como Brasil y Argentina. Al hacer crisis el modelo hay una caída brusca en la oferta de servicios, lo que aumenta el nivel de desempleo. No reacciona inmediatamente el sector industrial, porque no tiene capacidad de oferta, tiene capacidad de reacción sólo por estímulo de la rentabilidad, mejorada por una devaluación, por ejemplo, dado que el ambiente económico no ha cambiado, y en todo caso ha empeorado, para tomar decisiones de contratación. No hay estabilidad, la seguridad jurídica es un factor de riesgo, hoy existe pero no hay seguridad de que eso se pueda mantener, y la previsibilidad de las políticas también ha caído, con lo cual aumenta el desempleo. Eso implica pérdida de capital humano, porque la gente, además, al no tener empleo se va del país.
De esta manera aumenta la inestabilidad del trabajo, sobre todo cuando la demanda se orienta a sectores altamente calificados o de muy escasa calificación. Y las personas de mediana edad que quedan desempleadas luego de trayectorias largas en determinadas empresas, quedan fuera de la capacidad de reconversión. Y también se pierde capital social, porque se empiezan a perder tejidos sociales, se empiezan a segregar, y esto contribuye a la desafiliación de la persona.
Entonces, me salteo una cantidad de cosas porque ya me pasé de hora, y quiero terminar con algunas cuestiones relativas a como puede ayudar la política macroeconómica a resolver este problema del desempleo. Toda política macroeconómica, en definitiva, tiene como objetivo llevar el desempleo a la situación de ese 15 por ciento que decíamos dinámico. Lo que puede hacer la política macroeconómica, básicamente -y cuando decimos política macroeconómica pensamos en política monetaria, política cambiaria, política fiscal...- es, en primer lugar, asegurar el ambiente para la toma de decisiones, el equilibrio macroeconómico, mostrar que hay un sendero por el cual el ingreso y el gasto no se van a separar, y si esto ocurre lo que se va a separar para arriba en un período, se va a separar para abajo en otro.
En segundo lugar, asegurar la competitividad. La política macroeconómica no puede hacer mucho por el empleo a partir de la competitividad, lo que tiene que hacer es asegurar que la competitividad de la economía se mantenga, en términos de relación con otros mercados.
Y en tercer lugar, la política macroeconómica puede actuar en cuanto a la asignación de recursos de carácter fiscal, es decir en la fase redistributiva de los recursos que genera la economía, también asignando prioridades. Si el modelo de crecimiento se orienta, por ejemplo, a la innovación como motor del crecimiento, las prioridades en la asignación de recursos tienen que ir hacia un sistema nacional de innovación, que se inicia con la investigación y abarca otros muchos aspectos.
Podríamos concluir diciendo que la política macroeconómica es poco lo que puede hacer a favor de aumentar la demanda de empleo, pero sin embargo puede hacer mucho en contra de que aumente el desempleo.

 

 
 

Presentación de la doctora Ana María Araujo. Doctorada en la Universidad de Sociología de La Sorbona I, Máster en Filosofía de Estrasburgo, Francia, Posgrado de Psicología en el Instituto de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, Profesora Investigadora de la Facultad de Psicología y la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, Presidenta de la Asociación Internacional de Sociología Clínica.


Bueno, antes que nada quiero agradecer a la Asociación de Psicología del Trabajo, con los cuales ya hemos tenido encuentros, y espero seguir teniéndolos. Y a la Institución "El Abrojo", especialmente a Carolina y a Carmen, que además de estar en el mismo, yo diría, compromiso social, a partir de la vida, de las trayectorias nuestras, nos hemos encontrado varias veces. Yo me siento, quiero decirles, muy cómoda y muy contenta de estar acá entre ustedes.
Yo creo que hablar hoy de los trabajadores sin trabajo -este es el tema de la investigación que llevamos adelante con mi equipo de la Facultad de Psicología- hablar hoy del desempleo en la sociedad de Montevideo es imposible si no tenemos en cuenta lo que Edgar Morin, un filósofo francés, decía hace un año en una conferencia en Montpellier, en Francia.
Decía: "Estamos asistiendo a una mutación civilizatoria, una mutación civilizatoria que implica no sólo transformaciones profundas en el mundo del trabajo, sino transformaciones en el imaginario social, en la construcción de nuestras subjetividades, en el vínculo con el otro, en el deseo, en el placer, en la forma de estar en sociedad, y en la forma de vivir en sociedad".
Edgar Morin hablaba de una sociedad "del primer mundo", y yo diría que después de lo que hemos pasado los uruguayos en los últimos días, hablar de mutación civlizatoria exige -a mi modo de ver- entender que estamos viviendo una transformación profunda de lo que fuera el Uruguay de las cercanías, el Uruguay de las medianías del cual hablaba Carlos Real de Azúa.
Yo quería traer esto porque me parece importante contextuar la temática de hoy. Me parece importante, después quizás en el debate, compartir que en estos días el contrato social parecería que se está resquebrajando... La confianza, la confianza como valor, y yo diría también la confianza como elemento estructurante de una sociedad civil, está en una situación bastante crítica.
Y todo esto hace que tocar el tema de los trabajadores sin trabajo, del desempleo, no sólo se remita al desempleo a nivel macroeconómico y a nivel microsocial o psicosocial, como lo tratamos nosotros, sino que también se remita y nos toque a todos nosotros, que todavía teniendo trabajo estamos atravesados por la amenaza constante de poder perderlos.
Dos palabras sobre esto. Cuando el sociólogo Vincent de Gaulejac habla sobre la lucha de lugares como de uno de los elementos a articular entre la vieja concepción de la lucha de clases, esa lucha de lugares está evocando justamente este miedo, esta posible pérdida del trabajo que paraliza, que genera competencia, rigideces, que genera ver al otro no en una actitud solidaria, como de pronto podría ser una antigua conciencia, sino ver al otro como el posible enemigo que nos está sacando el trabajo. Yo creo que la amenaza de perder el trabajo hoy atraviesa todas las subjetividades del Uruguay contemporáneo. A partir entonces de esta situación general es que me gustaría centrarme en la investigación que terminamos no hace mucho en la Facultad de Psicología.
Una frase de Lévy-Strauss: "Toda interpretación debe hacer coincidir la objetividad del análisis sociohistórico con la subjetividad de la experiencia vivida". Yo traigo esta frase porque nosotros, por lo menos yo, cuando empiezo a investigar un hecho social, me pregunto desde qué lugar hablo, desde donde investigo. Yo quería compartir con ustedes, decírselos desde el comienzo, que la investigación ésta sobre el desempleo, o sobre los desempleados de Montevideo, ha puesto en juego nuestra subjetividad como investigadoras / investigadores, ha puesto en juego y ha generado lo que se puede llamar angustia del investigador, la angustia del psicólogo, la angustia del sociólogo...
Cómo frente a un hecho social, y a través de lo que Devreux habla también de esa relación de transferencia y contratransferencia con el otro, cómo, decía, a través de un hecho social nos sentimos, en algún lugar, responsables de ese hecho que estamos investigando. Me parece que este es un tema que no lo voy a desarrollar acá, porque estamos tocando toda una temática que es la empatía y el distanciamiento necesario para investigar, generar, promover un cambio...
¿Por qué digo esto? Porque les voy a leer las palabras de los hombres y mujeres que entrevistamos, que estuvimos trabajando con ellos durante casi tres años, sobre su situación de vida.
Leo.
Vergüenza. Te hacen sentir marginada. Soy como un agregado entre casa. Estoy viviendo de prestado. Yo no pienso ser servil como fueron mis padres. No puedo mirarlo a los ojos.
Miedos. Sueño con la pobreza, con el manto negro de la pobreza. Yo no puedo empezar nada nuevo ya, a esta altura. Tengo miedo por mi hija, ahora engordó dieciocho quilos. Me da miedo salir a la calle.
Caos. Estoy sin orden. Me siento desintegrada. Quisiera ser como el Ave Fénix pero soy como el Gato Félix. No tengo más tiempo... -¡Qué precisión!-
Si esto no funciona yo me mato. Hay que estar muy loco para no ahorcarse. No tengo ganas de bañarme ni de peinarme, me quedo así, nomás. No tengas miedo que no me voy a suicidar. Me quedo así, quieto, debajo de las sábanas.
Aislamiento. Estoy viviendo en el ostracismo. Me recluyo. No quiero ver a nadie. Tengo una desolación adentro. Me siento afuera de todo. Ya no te llaman para nada...
Nosotros trabajamos con una población entre 40 y 55 años, en tres sectores, el sector obrero -sector popular-, los sectores medios, y los sectores medios altos, profesionales, profesionales calificados.
Tenemos muchos ejemplos de lo que Max Neef define como montaña rusa emocional. Los cuatro momentos que él analiza y nosotros compartimos con estos trabajadores, de una franja etaria en que es muy difícil lograr la reinserción social. En primer lugar Max Neef habla del shock, el primer impacto. Después vamos a ver como este acto traumático puede transformarse en un traumatismo acumulativo del cual hablaba Freud ya en 1897. El shock, el recibir la noticia, algunos a través de un telegrama, en forma inmediata, otros preparando la noticia, sabiendo que se viene, sabiendo que hay cinco que están al lado, que probablemente el mes que viene sean diez... Estamos esperando, agazapándonos, a ver qué nos toca, como muy probablemente los empleados del Banco de Montevideo.
El shock, dice Max Neef, primero genera una sensación de impacto y muchas veces de convulsión, a veces hasta de desestructuración. Muchas veces cuando se supera ese shock, él habla de una sensación como de alivio. Me llegó. Ya sé. Esta es la realidad. Ahora voy a poder -y aquí aparece la fantasía- crear trabajo, generar nuevas situaciones más placenteras, de todos modos el trabajo me estaba oprimiendo, de todos modos... Es una actitud que, dice él, dura poco tiempo.
Inmediatamente aparece la búsqueda de trabajo de la cual Nora hablaba, la búsqueda de trabajo en estos hombres y mujeres entre 40 y 55 años donde el promedio de reinserción laboral va desde nunca menos de ocho, nueve meses, y en ocasiones se extiende hasta los dos años y medio o tres años. Y en este tercer momento Max Neef nos va a hablar de crisis, de una actitud de no saber qué hacer. Para retomar lo que decía Nora recién, la privatización de la culpa. Por algo me pasó. Yo no sirvo para esto. Yo no valgo. Soy, en algún lugar, culpable. Este es un fenómeno que me parece interesante, esa especie de depositar la culpa, la responsabilidad, en vez de en un sistema macroeconómico, o en políticas económicas que no generan más trabajo, centrar la culpa en sí mismos. Es una especie de espejismo.
Y por último aparecería la etapa del fatalismo, la etapa de la inercia. Freud, en El malestar de la cultura, habla del traumatismo acumulativo. Les voy a leer como define Freud las características de ese traumatismo acumulativo. "Estupor inicial. Paulatino embotamiento. Amnesia afectiva. Narcotización de la sensibilidad. Abandono de las expectativas. Alejamiento de los demás."
¿Qué pasa con esto? ¿Qué hacemos con esto?
Evidentemente acá hay una sensación de vulnerabilidad identitaria, de fragmentación no sólo a nivel del mundo psíquico sino a nivel del mundo externo, social. Hay una ruptura de redes sociales, hay una desestructuración y una ruptura interna con la propia familia, donde aparecen muchas veces síntomas de violencia, violencia doméstica y agresión. Y una ruptura con el que está más próximo, que es muchas veces depositario de la angustia.
Yo quisiera ver algunas de las caracterizaciones que hicimos nosotras.
El trabajo, creo que ustedes lo saben mejor que yo, es una forma de estructurar el mundo psíquico, es una forma de presentarse a sí mismo y al otro. No sólo con la tarjeta, cuando Nora me daba la tarjeta, intercambiamos tarjetas los profesionales, o cuando en un sindicato se dice yo soy obrero del cuero, yo soy obrero de la construcción... Hay un proceso de reafirmación identitaria. Hay un Yo que se está estructurando y está estructurado. El desempleo corta esta pertenencia al grupo, esta pertenencia al grupo pasa, todavía hoy, en el mundo, tercera revolución tecnológica, pasa por el trabajo. Entonces cuando no hay trabajo parecería que no se es, no sólo no se tiene trabajo sino que no se es. Y acá está la privatización de la culpa, la vulnerabilidad emocional, una especie de inestabilidad emocional y afectiva que genera muchas veces depresión. Depresiones que van desde las leves hasta las profundas... Yo quiero decir que en el conflicto de Gaseba, por ejemplo, hubieron suicidios...
Debemos plantarnos en la realidad, crear la teoría. Tenemos casi la responsabilidad de empezar a desentrañar esto. Se ha hablado de los desaparecidos, de los desexistentes sociales. Algunos que tenemos 40 años, y también los que tienen 30, y tienen 20, sabemos lo que en este país significan las desapariciones, los desaparecidos. Y acá yo no puedo menos que establecer una vinculación entre las desapariciones reales de la dictadura, y los desexistentes sociales de esta nueva dictadura financiera que nos ha tocado vivir.
Yo diría que me parece importante romper la impunidad a través de un esfuerzo que genere una nueva sociedad. Hoy tenemos enfrente una sociedad donde el trabajo precario alcanza al 40 por ciento de la población uruguaya, que está con problemas serios para conseguir trabajo. También hay un 40 por ciento en el umbral de la pobreza...
Así que voy a terminar con una frase de un viejo militante antifascista italiano, Antonio Gramsci. Gramsci decía: "Hay que hacer coincidir el pesimismo de la inteligencia con el optimismo y la esperanza de la voluntad".

 

 
 
   
 

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